Prevenir y abordar los trastornos musculoesqueléticos en la empresa.
Las bajas laborales no son solamente una cuestión administrativa o económica. Detrás de cada proceso de incapacidad temporal hay una persona que experimenta dolor, pérdida de movilidad, estrés, limitaciones en su vida cotidiana y, en muchos casos, un proceso de recuperación que puede prolongarse durante semanas o meses.
Entre las causas que más días de trabajo hacen perder a las empresas se encuentran los trastornos musculoesqueléticos, especialmente los relacionados con la espalda, cuello, hombros y articulaciones. La Organización Mundial de la Salud señala que estas afecciones constituyen una de las principales causas de discapacidad en el mundo y que pueden limitar considerablemente la capacidad de trabajar y participar en la vida cotidiana.
Pero existe una pregunta que merece la pena plantearse ¿Podemos actuar antes de que el dolor aparezca o se convierta en un problema que obligue a una persona a dejar temporalmente su puesto de trabajo?
La respuesta no pasa por una única solución. La ergonomía, la organización del trabajo, los descansos, la actividad física, la educación postural y la atención sanitaria cuando sea necesaria forman parte de una estrategia global.
Y dentro de esa estrategia, determinadas prácticas corporales pueden desempeñar un papel interesante.
Tai Chi y Qigong (más conocido por Chikung): movimiento, conciencia y prevención.
El Tai Chi y el Qigong proceden de la tradición china y se caracterizan por combinar movimientos suaves y continuos, control postural, coordinación, respiración, atención y regulación del esfuerzo.
No se trata simplemente de "hacer ejercicio".
Una de las particularidades de estas prácticas es que enseñan a la persona a prestar atención a cómo se mueve, cómo distribuye su peso, cómo utiliza la musculatura y cómo respira mientras realiza un movimiento.
Esto puede resultar especialmente interesante en una sociedad en la que muchas personas pasan horas sentadas frente a un ordenador, mantienen posiciones estáticas durante largos periodos o realizan movimientos repetitivos.
El objetivo no debería ser convertir la oficina en un gimnasio, sino introducir pequeñas herramientas que permitan recuperar movimiento, conciencia corporal y capacidad de autorregulación durante la jornada.
¿Qué dice la ciencia?
La investigación disponible sobre Tai Chi y Qigong es cada vez mayor. Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2025, que incluyó ocho ensayos clínicos aleatorizados y 729 adultos con dolor lumbar crónico, encontró que ambas prácticas se asociaron con reducciones significativas del dolor y de la discapacidad frente a los grupos de control. Los autores, no obstante, señalan que existe una heterogeneidad importante entre los estudios y que son necesarios ensayos de mayor calidad para determinar mejor sus efectos a largo plazo.
Otra revisión y metaanálisis publicada en 2024 analizó específicamente el Tai Chi en personas con dolor lumbar crónico y encontró resultados favorables, aunque también señaló diferencias entre los distintos protocolos utilizados.
Y la evidencia no se limita al Tai Chi. Una revisión sistemática reciente sobre actividad física en el entorno laboral encontró efectos positivos de programas de ejercicio dirigidos a cuello, hombros, miembros superiores y región lumbar para reducir el dolor y prevenir trastornos musculoesqueléticos en trabajadores.
Esto coincide con una idea fundamental de la salud laboral: El movimiento es parte de la prevención.
La propia OMS recomienda la actividad física, la educación, la rehabilitación y las adaptaciones ergonómicas como elementos importantes para prevenir y manejar el dolor lumbar inespecífico.
¿Qué puede aportar específicamente el Tai Chi y el Qigong?
Sin presentar estas disciplinas como sustituto de un tratamiento médico o fisioterapéutico, su práctica puede aportar diferentes elementos de interés:
- Movilidad: movimientos suaves que implican diferentes segmentos corporales y pueden ayudar a mantener la movilidad.
- Coordinación: integración entre piernas, tronco, brazos, respiración y atención.
- Control postural: aprendizaje de una postura más consciente y menos rígida.
- Equilibrio: trabajo progresivo de estabilidad y transferencia del peso.
- Conciencia corporal: capacidad para reconocer tensiones innecesarias y modificar determinados patrones de movimiento.
- Actividad física accesible: muchas prácticas pueden adaptarse a diferentes edades y niveles de condición física.
- Regulación de la tensión: la respiración y la atención forman parte del ejercicio, favoreciendo un trabajo que no se limita exclusivamente al componente físico.
Estos elementos pueden ser especialmente útiles en programas dirigidos a personas que permanecen muchas horas sentadas, realizan tareas repetitivas o soportan una elevada carga postural.
De la práctica individual a la empresa.
Aquí aparece una posibilidad que consideramos especialmente interesante. Las empresas pueden ofrecer a sus trabajadores cursos, talleres o sesiones prácticas de Tai Chi y Qigong orientadas al bienestar y a la educación corporal. Eso sí, no necesariamente tienen que convertirse en clases deportivas convencionales.
Talleres de 45-60 minutos puede enseñar muchas cuestiones, por ejemplo, ejercicios sencillos de movilidad de columna, cuello y hombros, ejercicios de coordinación y equilibrio, trabajo de movilidad de cadera y piernas; ejercicios que puedan realizarse de pie junto al puesto de trabajo; pequeñas rutinas para realizar durante las pausas;
principios básicos para reconocer y reducir tensiones innecesarias, etc.
El verdadero objetivo es proporcionarle herramientas que pueda incorporar a su vida cotidiana.
No se trata solamente de reducir bajas, una empresa que introduce este tipo de programas no debería plantearlo exclusivamente desde la perspectiva de "evitar bajas". Se trata de algo más profundo, una persona que conoce mejor su cuerpo puede desarrollar mayor conciencia sobre sus hábitos de movimiento, puede aprender a realizar determinadas tareas con menos tensión, incorporar pausas activas, mejorar su movilidad y adquirir recursos sencillos para cuidar de sí misma.
Por eso hablamos de disciplinas preventivas, no simplemente de absentismo.
El Tai Chi y el Qigong pueden formar parte de ese conjunto.
Una propuesta para las empresas.
Desde TaiChing planteamos programas adaptados al contexto de cada organización, ya que no todas las empresas tienen las mismas necesidades. Es decir, no es igual una plantilla que trabaja ocho horas frente a una pantalla que una empresa cuyos trabajadores realizan esfuerzos físicos, movimientos repetitivos o permanecen muchas horas de pie o en la misma posición. Por eso proponemos diferentes formatos:
- Talleres de iniciación: Sesiones puntuales para introducir los principios básicos del Tai Chi y el Qigong y proporcionar herramientas sencillas que los trabajadores puedan utilizar posteriormente por su cuenta.
- Programas periódicos: Sesiones semanales o quincenales integradas dentro de los programas corporativos de bienestar y promoción de la salud.
- Pausas activas: Sesiones breves de movilidad, respiración y conciencia corporal que pueden incorporarse a determinados momentos de la jornada laboral.
- Formación específica: Programas adaptados a las características y necesidades de cada colectivo profesional, trabajando especialmente aquellas zonas corporales sometidas a mayor sobrecarga.
Jornadas de bienestar corporativo.
El Tai Chi y el Qigong no sustituyen al médico, al fisioterapeuta, al tratamiento rehabilitador ni a las medidas de prevención de riesgos laborales.
Tampoco podemos afirmar que practicar Tai Chi vaya a impedir que una persona sufra una lesión o que vaya a eliminar las bajas laborales. Lo que sí podemos afirmar es que existe evidencia científica que respalda el interés del ejercicio físico y, específicamente, de Tai Chi y Qigong, en determinados problemas musculoesqueléticos, especialmente en el ámbito del dolor lumbar. Y existe una oportunidad evidente para llevar estos conocimientos fuera de las escuelas y de los centros especializados: Acercarlos al lugar donde muchas personas pasan una parte fundamental de su vida: el trabajo.
Una nueva manera de entender el bienestar laboral.
Durante mucho tiempo hemos reaccionado ante el problema cuando ya había aparecido: dolor, consulta médica, tratamiento, baja y recuperación. Quizá debamos comenzar a prestar más atención a lo que sucede antes.
Al modo en que nos sentamos, cómo respiramos, la tensión que acumulamos, cuánto tiempo permanecemos inmóviles, cómo utilizamos nuestro cuerpo y, sobre todo, a si sabemos movernos.
El antiguo principio del Tai Chi y del Qigong de cultivar el cuerpo a través del movimiento consciente encuentra así una aplicación perfectamente actual. La tradición no tiene por qué quedarse en el pasado, puede convertirse en una herramienta para afrontar algunos de los problemas del presente.
Este artículo inaugura una serie de publicaciones de Tai Ching dedicada a analizar la relación entre actividad física, bienestar laboral y bajas por incapacidad temporal.
En los próximos artículos abordaremos otros de los factores que están detrás del absentismo laboral y estudiaremos qué papel pueden desempeñar disciplinas como el Tai Chi y el Qigong en la prevención, el bienestar y la promoción de hábitos saludables dentro de las organizaciones.
Porque cuidar a las personas antes de que aparezca el problema no es solamente una cuestión de bienestar.
También es una forma inteligente de construir empresas más saludables, sostenibles y humanas.
